Aún no se lo que me gustó más de la cena de la pasada noche, la comida, el auditorio, la gala o la compañía. Porque todo fue ameno y divertido, hasta tal punto, que como rezan en la canción “el reloj dejó de marcar las horas”, y se no hizo un poco tarde.

La Gala en sí, fue un acto muy bien organizado, me consta que APEHA y en especial su presidenta, Maria José Sanromán, han puesto mucho trabajo y todo su corazón en este acto. Y la verdad es que consiguieron algo que parece difícil, conciliar el reconocimiento a los nominados y premiados con el entretenimiento, algo imprescindible en cualquier evento que requiera estar sentado un par de horas.

Desde el Auditorio nos dirigieron a los afortunados asistentes a la cena hasta un amplísimo vestíbulo acondicionado para dar una cena inenarrable, aunque yo, que soy muy mio, lo voy a intentar.

 

Empezamos muy bien, nada más sentarnos nos esperaba la que fue la sorpresa más agradable de la noche, dos magníficos aceites de Oliva, y los dos alicantinos. Destacó sobretodo el aceite de la almazara Deortegas, que es especial, los comensales lo definieron de diferentes maneras, la más popular y con la que quedamos todos de acuerdo fue que nos recordaba al sabor del tomate Raff.

La cena tenía que empezar y no se puede desmerecer ninguno de los aperitivos que nos fueron sirviendo pero describirlo se podría hacer pesado, y desluciría los platos principales, así que os tenéis que conformar sólo con que los mencione.

 

El primero de los platos principales elaborado por Dani Frías con un mimo que se podía sentir, fue una Ensalada de anguila ahumada con vinagreta de Chufa que me dejó sin palabras. Teniendo en cuenta que éramos más 200 personas las que estábamos allí, francamente parecía que mi plato fuera el único de esta La Ereta, que vistas aparte, vale la pena incluso en un día con niebla. Enhorabuena.

 

 

 

El segundo plato, Cordero lechal con patatas violetas y lechuga glacial con aliño cítrico, elaborado por Rodrigo de la Calle. Humildemente, qué puedo añadir yo a lo que críticos gastronómicos profesionales han dicho ya… su creación me produjo tal apetito que no recordé que tenía que hacer una foto y le hinqué tenedor y cuchillo, sin pensar en un mañana, no voy a intentar describir el sabor, sublime me atrevo a tildar, así que subís un día a Aranjuez y me lo contáis.

 

El postre de Paco Torreblanca era lo más esperado de la cena para los invitados de mi mesa, y quedaron un tanto decepcionados. Yo la verdad no acabo de entender por qué razón, los dos postres eran a mi parecer muy buenos aunque es cierto, que se notaba que quizás que en el de fresa hubiera pasado demasiado tiempo frío.

En fín, una noche exquisita repleta de exquisiteces.

 

Autor: Juan Puigcerver (Alumno del curso Cmua 2)